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viernes, 27 junio 2008
Ponyo
De Ponyo, la última película de Miyazaki, a estrenarse en Japón el próximo mes,
el primer trailer (nuevo video... hasta que lo borren) proyectado ayer en cines. Informe en Ghibliworld. Como ya se sabía, Miyazaki se inclinó acá por un dibujo simple y extremadamente bidimensional: nada de 3D-CGI e incluso casi nada de sombras; animación esmerada, como siempre, pero exclusivamente a mano; y texturas más planas y suaves (acuarela y pastel). Algunas pocas imágenes acá y acá. También en Youtube un documental, sin subtítulos, pero puede seguirse en francés por acá. sábado, 21 junio 2008
Las asperezas de lo real
Parece, según dicen por'ai, que las cosas marchan mal en el mundo.
Parece que hay mucha gente mala que hace maldades, y mucha gente
necia que dice necedades. Parece que hay muchos mentirosos que propagan mentiras, y aún más ignorantes que se alimentan de mentira.
Parece que la Wikipedia abunda en artículos inexactos, tendenciosos y malintencionados. Que está copada
(cuando no vandalizada) por militantes
del adoctrinamiento y la desinformación, veloces para la redacción o el copy-paste, seguramente a sueldo de
las ideologías reinantes. Y que son legión los
lectores ingenuos de la Wikipedia —por no hablar de Página 12, Pigna, los manuales de nuestra educación pública: generaciones enteras (desespera pensarlo) que caerán así
en las tinieblas
del error y el pecado.
Parece que los hijos de oscuridad son mucho más
astutos, activos y eficientes que los hijos de la luz, nomás.
Parece que abundan las liturgias irreverentes y los curas bobalicones y las monjas new-age. Parece que la ortodoxia se está yendo al diablo, que casi no quedan los católicos como uno, los que saben qué significa ser católico de verdad. Parece que la
Tradición ha sido cortada y casi muerta (aunque no queda muy claro si el corte fue en el Concilio Vaticano II, o en el de Trento, o la Revolución Francesa, o la escolástica o el barroco o el aristotelismo ;
si Pablo VI, Juan Pablo II, Freud, Darwin, Descartes, Maritain, Suárez, Napoleón, Constantino; si los masones, los jesuitas, el Opus Dei...). Parece, me dicen, que se están destruyendo «los pilares del Orden Romano: la Religión Verdadera, las Fuerzas Armadas, la Familia, y la Propiedad» y con ello el «estilo de vida argentino y católico». Y que estamos en los umbrales (o más) del mundo feliz de Huxley —o el 1984 de Orwell. Y que esto empieza a tener los colores del reinado del anticristo. Me dicen que nuestros obispos no están a la altura, que en lugar de hablarnos con «voz enérgica, clara y definitoria» salen con mensajes «anodinos, politiqueros y mediocres». Parece que los argentinos tenemos una presidenta de excepcional soberbia y necedad, intoxicada de ideología y de ambición; y ni hablar del otro K, y de D'Elía, Verbitsky, Hebe, Bonasso, etc. Y que, ante esta calaña, hay que estar con los amigos del campo, la verdadera clase trabajadora y sostén de nuestro país; y que, así, es disculpable y hasta conveniente desahogarse en alguna diatriba en modo comentador derechista de La Nación (un poquito de rabia gorila, vamos...) Parece también que los que tienen la sartén por el mango «persiguen desembozadamente al catolicismo en Argentina» (por ejemplo: «asignando en la grilla televisiva al canal 21 del Arzobispado un lugar fuera de toda competencia con las restantes señales locales»), parece que «somos los únicos perseguidos desde hace más de 40 años», mientras que nuestros lamentables obispos no hacen más que pedir «diálogo». Parece, en fin, que el mundo está ganando, el mundo que nos odia, nos discrimina y nos ningunea: la dictadura del relativismo, la cultura de la muerte, el hedonismo, el aborto, la irreligión, la revolución sexual y el materialismo; el nuevo orden mundial que nos está empujando a las catacumbas. Ay, cómo sufrimos los católicos... Y, al cabo, el asunto es que todo aquello tiene que dolerte. Si el que ve, ve cosas feas... entonces (bueno, más o menos) quien ve muchas cosas feas, es que sabe ver. Es más: que ese sufrimiento y esa indignación sea tu principal fuente de energía, que eso sea lo que llena tu pensar y tu sentir, lo que alimenta el motor de tu vivir y tu ser católico, ... eso es buen signo... parece. Se trata de ver el mal, pues; y de hacerlo ver. Y ahí vamos, pertrechados del ardor militante, del entrenamiento y la erudición oportuna para esas lides y de un par de versículos justificadores («hambre de justicia...» y «celo por tu casa...», por ejemplo). Denunciar, documentar, explicar, esquematizar (ah, esos esquemas)... y por sobre todo, alimentar la indignación. Hay que lamentarse y protestar, en corro de aliados; hay que hacer ruido; hay que preguntarse y preguntar: ¿No es hora de hacer algo? ¿Hasta cuando? ¿Qué podemos hacer? Y bueno... yo no puedo decir que «me siento interpelado»; aparte del mal olor clerical de la expresión, la verdad es que no estoy seguro de comulgar con todo aquello. Igual, por si hiciera falta responder: yo, aquí y ahora ¿qué puedo hacer? Miren, lo que yo voy a hacer, por lo pronto, es poner algunas capturas de pantalla de unas peliculitas de Ghibli. Ahí tienen.
En la columna izquierda, un par de "Totoro" arriba y un par de "Chihiro" abajo. A la derecha, una secuencia de "Whisper of the Heart".
El padre, en Totoro, que debe esforzarse para abrir una ventana corrediza poco dócil. Lo mismo le pasa a Chihiro, con la abertura que se atasca, en la escena del ataque los pájaros de papel (uno de los momentos más inspirados
de Miyazaki).
Y Shizuku, apagando la luz antes de dormir. Primero se mueve hacia el
borde de la cama, para alcanzar el interruptor; tantea, pero no llega. Entonces se incorpora, apaga al fin la luz, y se acuesta.
Choca ese rasgo de un realismo moroso y trivial,
sobre todo en el contexto de un anime, donde
cada cuadro, cada gesto de más cuesta bastante caro. Un derroche, en cierta manera (no recuerdo nada parecido en otras
películas animadas; y aun no animadas...)
Algunos espectadores impacientes lo juzgan una compadrada innecesaria y vacía. Yo, no. Yo lo veo (ya saben que por acá tiendo a pecar más bien por indulgencia y optimismo) como un gesto de fidelidad y de amor por este mundo: esas pequeñas resistencias que nos opone el cosmos, y que lo hacen entrañable y digno de evocación (nostalgia, si prefieren). Esas asperezas que testimonian su presencia real, en contraste con las fantasías de la imaginación, en las que los interruptores están siempre al alcance de la mano y las ventanas corredizas se deslizan a voluntad. A nuestra voluntad.
La alegría y el sentimiento de la realidad son la misma cosa.
Simone Weil
miércoles, 18 junio 2008
Enumeraciones impertinentes
Le preguntan a John C. Wright,
escritor de ciencia ficción
recibido en la iglesia católica esta pascua pasada,
sobre sus motivos para rezar a un dios; y le enumeran
a modo de ejemplo distintas creencias (problemáticas, claro) de la Wikipedia:
- que lo finito de hecho puede comunicarse con lo infinito
John contesta:
- que lo infinito tiene interés en comunicarse con lo finito - que la oración no influye en el destinatario pero modifica al orante - que el destinatario desea y aprecia que el hombre le dirija oraciones - que la oración sirve para ejercitar al hombre en la contemplación de la divinidad, por vía intelectual - que la oración sirve para tener una experiencia directa de la divinidad - que la oración afecta los fundamentos de la realidad sensible - que la oración sirve para catalizar un cambio en el propio yo, o en las circunstancias propias, o en la de terceros beneficiarios
No termino de entender la pregunta; todas esas motivaciones están presentes en algún grado,
pero todas resultan algo impertinentes.
Y sigue. Pero con esto basta, para ilustrar el punto, y
para contratularnos (poniéndonos un poquito la camiseta, cómo no) por la adquisición *. Es como preguntar por qué hablas con tu mujer. Si te sientas a escribir una lista de razones, no te sonarán bien. «La creencia de que mi esposa recompensa los gestos seductores con favores sexuales» ; «La creencia de que accederá a hacerme un sandwich»; «La creencia de que las mujeres necesitan hablar mucho, mientas que uno se limita a escuchar», «La creencia de que mi mujer sabe dónde dejé los anteojos», «La creencia de que una relación adulta sana requiere comunicación verbal», «La creencia de que me vio con la camarera sobre las rodillas y planea asesinarme con un arpón y arrojar mi cuerpo al lago para simular un accidente de pesca»... Bueno, todos pueden ser buenos motivos para dirigirle la palabra a tu esposa, pero aunque todos lo fueran, aun así esa lista no sería el verdadero motivo por el cual hablas con ella. Hablas con tu esposa porque es tu esposa. Le rezas a Dios porque El es Dios... Y el planteo objetado, esa enumeración de la wikipedia, también sirve para ilustrar (a mis ojos al menos; y muy parcialmente) un modo de pensamiento, reduccionista tal vez, que me parece típico de los cientificistas, esa suficiencia pavota de los amigos del análisis y la claridad, y enemigos del misterio; y, de última y por lo mismo, del sentido común. Y la respuesta es buen ejemplo del modo sensato de situarse ante esos planteos. Ojalá se viera un poco más de eso por acá. * También es simpático el anuncio de la conversión, con las preguntas del neófito (« I have heard my whole life how corrupt and superstitious the Catholic Church is, so, now that I am in, where do I sign up? I'd like to start with Simony. Can I buy Church offices wholesale, and then sell them through retail outlets? What are the tax implications?» «When do I get access to the Vatican library of porn?») y el intercambio con Mark Shea. jueves, 5 junio 2008
Labrador distraído
... otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa.»
Leyendo los comentarios de Maldonado, encuentro acá un matiz;
bastante obvio, quizás, pero no para mí. Yo había imaginado
siempre a ese que «pone la mano en el arado y mira hacia atrás»
en el momento de emprender el trabajo —justo antes—, y la dirección
de la mirada referida al pasado. Pero (además de que
la asimilación de "atrás" y "pasado" es menos universal de lo que
parece, ya queda dicho) no es exactamente así como lo ve
Maldonado, junto con otros. La torpeza (el pecado) del labrador
consistiría en desviar la vista del frente mientras se está arando:
Le dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.» Lc 9:61
... es una metáfora tomada de los labradores cuando aran; los cuales, para que el surco vaya bien derecho, sujetando la esteva con la mano, tienen los ojos clavados en el extremo del surco; y no puede arar derechamente quien vuelve atrás la cabeza. Hay oficios que se pueden hacer sin tanta fijeza. Para hablar, andar, pasear, no es preciso tener los ojos fijos; mas para arar bien, para escribir con renglones derechos, para pintar, etc, importa mucho no distraer la mirada.
Así sucede también con el reino de los cielos...
Me gusta; da más fuerza a la imagen, y al mensaje. La cuestión es mantener fija la atención.Naturalmente, después viene la pregunta de a quiénes se aplica esto (o en qué sentido debe tomarse acá lo de "ser apto para el reino de los cielos"), si es específicamente para el discípulo, y en qué amplitud del concepto, etc; pero en esa cuestión, tan frecuente, no nos meteremos por ahora. Cosa de no distraer la mirada. |
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