CUESTIÓN 75
Una vez acabado el estudio de la creación de lo espiritual y de lo
corporal, hay que dedicarse ahora al hombre, ser compuesto
de sustancia espiritual y corporal.
Al teólogo le corresponde estudiar la naturaleza humana en lo referente al alma, no en lo referente al cuerpo, a no ser en cuanto que está relacionado con el alma.
Así, nuestro primer análisis será el del alma. Y puesto que, según dice Dionisio en el c.2 Angel, hier., en las sustancias espirituales hay esencia, capacidad y acción, primero estudiaremos lo referente a la esencia del alma; segundo, lo referente a su capacidad o potencias; tercero, lo referente a su acción.
Con respecto a lo primero, se presenta una doble problemática: 1) El alma en sí misma; 2) el alma en cuanto unida al cuerpo.
La cuestión sobre el alma en sí misma plantea y exige respuesta a siete problemas:
Al teólogo le corresponde estudiar la naturaleza humana en lo referente al alma, no en lo referente al cuerpo, a no ser en cuanto que está relacionado con el alma.
Así, nuestro primer análisis será el del alma. Y puesto que, según dice Dionisio en el c.2 Angel, hier., en las sustancias espirituales hay esencia, capacidad y acción, primero estudiaremos lo referente a la esencia del alma; segundo, lo referente a su capacidad o potencias; tercero, lo referente a su acción.
Con respecto a lo primero, se presenta una doble problemática: 1) El alma en sí misma; 2) el alma en cuanto unida al cuerpo.
La cuestión sobre el alma en sí misma plantea y exige respuesta a siete problemas:
- El alma, ¿es o no es cuerpo?
- El alma humana, ¿es o no es algo subsistente?
- Las almas de los seres irracionales, ¿son o no son subsistentes?
- El alma, ¿es o no es el hombre? Mejor formulado: El hombre, ¿es o no es algo compuesto de alma y cuerpo?
- El alma, ¿está o no está compuesta de materia y forma?
- El alma humana, ¿es o no es incorruptible?
- El alma humana, ¿es o no es de la misma especie que el ángel?
El alma, ¿es o no es cuerpo?
Objeciones por las que parece que el alma es cuerpo:
1. El alma es el motor del cuerpo. Pero no es un motor inmóvil. Bien
porque parece que nada puede mover sin ser movido, porque nada
transmite lo que no tiene, como, por ejemplo, no es caliente lo que no
calienta; bien porque, si algo es motor inmóvil, causa el movimiento
eterno, que sería el movimiento que tendría, como se demuestra en VIII
Physic.; y éste no es el movimiento animal que
es causado por el alma. Por lo tanto, el alma es motor movido. Pero
todo motor movido es cuerpo. Luego el alma es cuerpo.
2. Todo conocimiento se hace por alguna semejanza. Pero no
puede haber semejanza entre el cuerpo y lo incorpóreo. Así, pues, si
el alma no fuese cuerpo, no podría conocer lo corpóreo.
3. Es necesario que, entre el motor y lo movido, haya
algún contacto. Pero no hay más contacto que el de los cuerpos. Así,
pues, como el alma mueve el cuerpo, parece que el alma es
cuerpo.
Contra esto: está lo que dice Agustín en el VI De Trin.
.: El alma es llamada simple porque su masa no se
difunde por el espacio local.
Respondo: Para analizar la naturaleza del alma,
es necesario tener presente el presupuesto según el cual se dice que
el alma es el primer principio vital en aquello que vive entre
nosotros, pues llamamos animados a los vivientes, e
inanimados a los no vivientes. La vida se manifiesta, sobre
todo, en una doble acción: La del conocimiento y la del movimiento. El
principio de tales acciones fue colocado por los antiguos
filósofos, que eran incapaces de ir más allá de la
fantasía, en algún cuerpo, ya que decían que sólo los cuerpos eran
algo, y lo que no es cuerpo es nada. Así, sostenían que
el alma era algún cuerpo.
Aun cuando la falsedad de esta opinión puede ser demostrada con muchas razones, sin embargo, tan sólo mencionaremos una por la que, de un modo más general y seguro, resulta evidente que el alma no es cuerpo. Es evidente que no cualquier principio de operación vital es alma. Pues, de ser así, el ojo sería alma, ya que es principio de visión. Lo mismo puede decirse de los otros instrumentos del alma. Pero decimos que el primer principio vital es el alma. Aunque algún cuerpo pueda ser un determinado principio vital, como en el animal su principio vital es el corazón. Sin embargo, un determinado cuerpo no puede ser el primer principio vital. Ya que es evidente que ser principio vital, o ser viviente, no le corresponde al cuerpo por ser cuerpo. De ser así, todo cuerpo sería viviente o principio vital. Así, pues, a algún cuerpo le corresponde ser viviente o principio vital en cuanto que es tal cuerpo. Pero es tal cuerpo en acto por la presencia de algún principio que constituye su acto. Por lo tanto, el alma, primer principio vital, no es el cuerpo, sino, el acto del cuerpo. Sucede como con el calor, principio de calefacción, que no es cuerpo, sino un determinado acto del cuerpo.
Aun cuando la falsedad de esta opinión puede ser demostrada con muchas razones, sin embargo, tan sólo mencionaremos una por la que, de un modo más general y seguro, resulta evidente que el alma no es cuerpo. Es evidente que no cualquier principio de operación vital es alma. Pues, de ser así, el ojo sería alma, ya que es principio de visión. Lo mismo puede decirse de los otros instrumentos del alma. Pero decimos que el primer principio vital es el alma. Aunque algún cuerpo pueda ser un determinado principio vital, como en el animal su principio vital es el corazón. Sin embargo, un determinado cuerpo no puede ser el primer principio vital. Ya que es evidente que ser principio vital, o ser viviente, no le corresponde al cuerpo por ser cuerpo. De ser así, todo cuerpo sería viviente o principio vital. Así, pues, a algún cuerpo le corresponde ser viviente o principio vital en cuanto que es tal cuerpo. Pero es tal cuerpo en acto por la presencia de algún principio que constituye su acto. Por lo tanto, el alma, primer principio vital, no es el cuerpo, sino, el acto del cuerpo. Sucede como con el calor, principio de calefacción, que no es cuerpo, sino un determinado acto del cuerpo.
A las objeciones:
1. Como todo lo que se mueve es
movido por otro, y este encadenamiento no puede llevarse hasta el
infinito, es necesario decir que no todo motor es móvil. Pues, como
moverse es pasar de la potencia al acto, el motor da lo que tiene al
móvil, en cuanto que hace que él mismo esté en acto. Pero, como queda
demostrado en VIII Physic., hay algún motor
absolutamente inmóvil que no se mueve ni sustancial ni
accidentalmente. Y tal motor provoca un movimiento siempre uniforme.
Hay otro motor que no se mueve sustancial, sino accidentalmente. Por
eso su movimiento no es uniforme. Este tipo de motor es el alma. Y hay
otro motor que se mueve sustancialmente: Es el cuerpo. Como los
antiguos naturalistas creían sólo en la existencia de
los cuerpos, sostuvieron que todo motor se mueve, y que el alma es
cuerpo y que se mueve sustancialmente.
2. No es necesario que la
semejanza de lo conocido esté en acto en la naturaleza de quien
conoce. Pero si alguien primero conoce en potencia y después en acto,
es necesario que la semejanza de lo conocido no esté en acto en la
naturaleza de quien conoce, sino que esté sólo en potencia. Sucede
como con el color, que no está en la pupila en acto, sino sólo en
potencia. Por lo tanto, no es necesario que la semejanza de lo
corpóreo esté en acto en la naturaleza del alma, pero sí es necesario
que el alma esté en potencia hacia tales semejanzas. Como los antiguos
naturalistas desconocían la distinción entre acto y
potencia, sostenían que el alma era cuerpo por conocer lo corpóreo. Y
por conocer todo lo corpóreo, decían que el alma estaba compuesta a
partir de los principios de todos los cuerpos.
El alma humana, ¿es o no es algo subsistente?
1. Lo que es subsistente es algo concreto. Pues el alma no
es algo concreto, sino que lo es el compuesto resultante a
partir del alma y del cuerpo. Luego el alma no es algo
subsistente.
2. Todo lo que es subsistente puede decirse que obra. Pero
no se dice que el alma obra, porque, como se señala en
I De Anima, decir que el alma siente o
entiende es como decir que teje o construye algo. Luego el alma no
es algo subsistente.
3. Si el alma fuese algo subsistente, alguna de sus
operaciones se daría sin el cuerpo. Pero ninguna de sus operaciones se
da sin el cuerpo, ni siquiera el entender, porque entender no se da
sin imágenes, y éstas no se dan sin el cuerpo. Luego el alma no es
algo subsistente.
Contra esto: está lo que dice Agustín en el X De Trin.
: Quien comprenda que la naturaleza de la mente es
sustancia incorpórea, comprenderá también que se equivocan quienes
dicen que es corpórea, pues éstos le adhieren todo aquello sin lo que
no ven posible una naturaleza, es decir, las imágenes de los
cuerpos. Por lo tanto, la naturaleza de la mente humana no sólo es
incorpórea, sino que también es sustancia, es decir, algo
subsistente.
Respondo: Es necesario afirmar que el principio
de la operación intelectual, llamado alma humana, es incorpóreo y
subsistente. Es evidente que el hombre por el entendimiento puede
conocer las naturalezas de todos los cuerpos. Para
conocer una clase de cosas es necesario que en la propia naturaleza no esté
contenida ninguna de esas cosas que se va a conocer, pues todo aquello que
estuviese contenido naturalmente impediría el conocimiento. Ejemplo: La
lengua de un enfermo, biliosa y amarga, no percibe lo dulce, ya que
todo le parece amargo. Así, pues, si el principio intelectual
contuviera la naturaleza de algo corpóreo, no podría conocer todos los
cuerpos. Todo cuerpo tiene una naturaleza determinada. Así, pues, es
imposible que el principio intelectual sea cuerpo.
De manera similar, es imposible que entienda a través del órgano corporal, porque también la naturaleza de aquel órgano le impediría el conocimiento de todo lo corpóreo. Ejemplo: Si un determinado color está no sólo en la pupila, sino también en un vaso de cristal, todo el líquido que contenga se verá del mismo color.
Así, pues, el mismo principio intelectual, llamado mente o entendimiento, tiene una operación por sí, independiente del cuerpo. Y nada obra por sí si no es subsistente. Pues no obra más que el ser en acto; por lo mismo, algo obra tal como es. Así, no decimos que calienta el calor, sino lo caliente.
Hay que concluir, por tanto, que el alma humana, llamada entendimiento o mente, es algo incorpóreo y subsistente.
De manera similar, es imposible que entienda a través del órgano corporal, porque también la naturaleza de aquel órgano le impediría el conocimiento de todo lo corpóreo. Ejemplo: Si un determinado color está no sólo en la pupila, sino también en un vaso de cristal, todo el líquido que contenga se verá del mismo color.
Así, pues, el mismo principio intelectual, llamado mente o entendimiento, tiene una operación por sí, independiente del cuerpo. Y nada obra por sí si no es subsistente. Pues no obra más que el ser en acto; por lo mismo, algo obra tal como es. Así, no decimos que calienta el calor, sino lo caliente.
Hay que concluir, por tanto, que el alma humana, llamada entendimiento o mente, es algo incorpóreo y subsistente.
A las objeciones:
1. Algo concreto puede tener dos
sentidos: 1) El de cualquier cosa subsistente; 2) El de algo
subsistente con una naturaleza completa de alguna especie. El primero
excluye la adhesión de un accidente y de la forma material. El segundo
excluye la imperfección que implica ser parte. Por eso, la mano puede
ser llamada algo concreto en el primer sentido, pero no en el
segundo. Por lo tanto, el alma humana, al ser parte de la especie
humana, puede ser llamada algo concreto subsistente en el
primer sentido, pero no en el segundo. En el segundo sentido es
llamado algo concreto el compuesto resultante a partir del alma
y del cuerpo.
2. Con aquellas palabras,
Aristóteles no está expresando su opinión, sino la de aquellos que
sostenían que entender es mover. El contexto lo aclara.
O también puede decirse que obrar por sí mismo corresponde al existir por sí mismo. Que existe por sí mismo puede decirse de algo cuando no está adherido como accidente, o como forma material, incluso si es parte. Pero, propiamente, que subsiste por sí mismo se dice de aquello que no está adherido según lo dicho, y que tampoco es parte. En este sentido, el ojo y la mano no pueden ser llamados subsistentes por sí mismos, y, consecuentemente, tampoco puede decirse que obran por sí mismos. De ahí que las operaciones de las partes sean atribuidas al todo a través de las partes. Pues decimos que el hombre ve por el ojo, que palpa por la mano, en un sentido distinto al que implica decir que lo caliente calienta por el calor, porque, propiamente hablando, de ninguna manera el calor calienta. Así, pues, puede decirse que el alma entiende, como se dice que el ojo ve. Pero tiene un mayor sentido y propiedad decir: El hombre entiende por el alma.
O también puede decirse que obrar por sí mismo corresponde al existir por sí mismo. Que existe por sí mismo puede decirse de algo cuando no está adherido como accidente, o como forma material, incluso si es parte. Pero, propiamente, que subsiste por sí mismo se dice de aquello que no está adherido según lo dicho, y que tampoco es parte. En este sentido, el ojo y la mano no pueden ser llamados subsistentes por sí mismos, y, consecuentemente, tampoco puede decirse que obran por sí mismos. De ahí que las operaciones de las partes sean atribuidas al todo a través de las partes. Pues decimos que el hombre ve por el ojo, que palpa por la mano, en un sentido distinto al que implica decir que lo caliente calienta por el calor, porque, propiamente hablando, de ninguna manera el calor calienta. Así, pues, puede decirse que el alma entiende, como se dice que el ojo ve. Pero tiene un mayor sentido y propiedad decir: El hombre entiende por el alma.
3. Para la actividad del entendimiento se precisa del cuerpo, no como de un órgano por el cual la operación se realice, sino por razón del objeto, cuya representación en la imagen es para el entendimiento lo que el color para la vista. Pero necesitar así del cuerpo no se opone a que el entendimiento sea subsistente; pues, de lo contrario, tampoco sería subsistente el animal, que para sentir necesita de los objetos sensibles exteriores.
1. El hombre y los otros animales convienen en género. Pero, como ha
quedado demostrado (a. 2), el alma del hombre es algo subsistente. Por
lo tanto, las almas de los otros animales son subsistentes.
2. La relación entre lo sensitivo y lo sensible es similar a
la que se da entre lo intelectivo y lo inteligible. Pero el
entendimiento conoce lo inteligible sin el cuerpo. Por lo tanto, el
sentido aprehende lo sensible sin el cuerpo. Por otra parte, las almas
de los animales irracionales son sensitivas. Por lo tanto, son
subsistentes por la misma razón por la que lo es el alma del hombre,
que es intelectiva.
3. El alma de los animales irracionales mueve el cuerpo.
Y el cuerpo no mueve, sino que es movido. Por lo tanto, el alma del
animal irracional realiza alguna operación sin el cuerpo.
Contra esto: está lo que se dice en el libro Eccl.
Dogmat. : Creemos que sólo el alma humana es
sustantiva, no así el alma irracional.
Respondo: Los antiguos filósofos no ponían
distinción alguna entre el sentido y el entendimiento, y, como se ha
dicho (a.1 q.50; a.1), a cada uno le atribuían un principio
corpóreo.
Platón, por su parte, distinguió entre entendimiento y sentido; sin embargo, a cada uno le atribuyó un principio incorpóreo, estableciendo que al alma en cuanto tal le corresponde entender y también le corresponde sentir. Por su parte, Aristóteles sostuvo que entre las operaciones del alma sólo el entender se realiza sin órgano corporal. En cambio, el sentir y las operaciones propias del alma sensitiva es claro que se realizan con alguna mutación corporal, como, al ver, la pupila se cambia por la especie del color. Lo mismo sucede con otras operaciones. Resulta evidente, así, que el alma sensitiva no tiene, por sí misma, ninguna operación propia, sino que toda operación del alma sensitiva va unida a lo corporal. De todo esto se concluye que las almas de los animales irracionales, al no obrar por sí mismas, no son subsistentes, pues en cada uno hay semejanza entre ser y obrar.
Platón, por su parte, distinguió entre entendimiento y sentido; sin embargo, a cada uno le atribuyó un principio incorpóreo, estableciendo que al alma en cuanto tal le corresponde entender y también le corresponde sentir. Por su parte, Aristóteles sostuvo que entre las operaciones del alma sólo el entender se realiza sin órgano corporal. En cambio, el sentir y las operaciones propias del alma sensitiva es claro que se realizan con alguna mutación corporal, como, al ver, la pupila se cambia por la especie del color. Lo mismo sucede con otras operaciones. Resulta evidente, así, que el alma sensitiva no tiene, por sí misma, ninguna operación propia, sino que toda operación del alma sensitiva va unida a lo corporal. De todo esto se concluye que las almas de los animales irracionales, al no obrar por sí mismas, no son subsistentes, pues en cada uno hay semejanza entre ser y obrar.
A las objeciones:
1. El hombre, aun cuando convenga
en género con los otros animales, sin embargo se diferencia en la
especie. La diferencia de especie se debe a la diferencia de forma.
Tampoco es necesario que toda diferencia de forma produzca diversidad
de género.
2. En cierto modo lo sensitivo se
relaciona con lo sensible como lo intelectivo con lo inteligible, es
decir, en cuanto que ambos están orientados potencialmente hacia sus
objetos. Pero también en cierto modo se distinguen, es decir, en
cuanto que lo sensitivo recibe la acción de lo sensible por la
mutación corporal. Por eso, la excesiva intensidad de lo sensible
anula el sentido. Esto no sucede con el entendimiento, pues el
entendimiento, entendiendo lo inteligiblemente más sublime, puede
entender después mucho mejor lo menos sublime. Si, por lo demás, al
entender se cansa el cuerpo, esto es accidentalmente, es decir, en
cuanto que el entendimiento necesita la cooperación de las fuerzas
sensitivas con las que se le preparan las imágenes.
3. La fuerza motriz es doble.
1) Una ordena el movimiento: Es la fuerza apetitiva. Su
operación en el alma sensitiva no se da sin el cuerpo, sino que la
ira, la alegría y todas las pasiones de este tipo, se dan con alguna
mutación corporal. 2) Otra ejecuta el movimiento, por la cual
los miembros son aptos para obedecer la orden del apetito. Su acto no
es mover, sino ser movido. De ahí que resulte claro que mover no es un
acto del alma sensitiva realizado sin el cuerpo.
El alma, ¿es o no es el hombre?
Objeciones por las que parece que el alma es el hombre:
1. Se dice en 2 Cor 4,16: Nuestro hombre exterior se corrompe, sin
embargo, el interior se renueva constantemente. Pero en el hombre
lo interior es el alma. Luego el alma es el hombre
interior.
2. El alma humana es una determinada sustancia. Y no una
sustancia universal, sino particular. Por lo tanto, es hypóstasis o
persona. Y no lo puede ser si no es humana. Luego el alma es el
hombre, pues la persona humana es el hombre.
Contra esto: está el hecho que Agustín, en XIX De Civ.
Dei alaba a Varrón, quien defendía que el hombre
no es sólo alma ni sólo cuerpo, sino alma y cuerpo a un
tiempo.
Respondo: La afirmación: El alma es el
hombre, puede ser entendida de dos maneras. 1) Una, que el
hombre es el alma, pero este hombre no es el alma, sino un
compuesto a partir del alma y del cuerpo. Ejemplo: Sócrates. Esto lo
digo porque algunos sostuvieron que sólo la forma
pertenecía a la especie, mientras que la materia era parte del
individuo, no de la especie. Esto no puede ser verdad. Pues a la
naturaleza de especie le pertenece lo que expresa la definición. Y en
las cosas naturales, la definición no expresa sólo la forma, sino la
forma y la materia. De ahí que la materia en las cosas naturales sea
parte de la especie, no una materia concreta, que es principio de
individuación, sino la materia común. Pues, así como es propio de la
razón de este hombre que lo sea a partir de esta alma, carne y
huesos, así también es propio de la razón de hombre que lo sea a
partir del alma, carne y huesos. Ya que es necesario que la sustancia
de la especie tenga lo propio y común de la sustancia de todos los
individuos contenidos en dicha especie.
2) Otra manera de entender aquella afirmación es la expresada diciendo: Esta alma es este hombre. Y esto sería viable si la operación del alma sensitiva se realizara sin el cuerpo. Porque, de ser así, todas las operaciones atribuidas al hombre le corresponderían sólo al alma, puesto que cada cosa es aquello por lo que realiza sus operaciones.
Ya se demostró (a.3) que sentir no es una operación exclusiva del alma. Así, pues, como sentir es una determinada operación del hombre, no la única, es evidente que el hombre no es sólo alma, sino algo compuesto a partir del alma y del cuerpo. Platón, por su parte, diciendo que sentir es propio del alma, pudo decir también que el hombre es el alma usando del cuerpo .
2) Otra manera de entender aquella afirmación es la expresada diciendo: Esta alma es este hombre. Y esto sería viable si la operación del alma sensitiva se realizara sin el cuerpo. Porque, de ser así, todas las operaciones atribuidas al hombre le corresponderían sólo al alma, puesto que cada cosa es aquello por lo que realiza sus operaciones.
Ya se demostró (a.3) que sentir no es una operación exclusiva del alma. Así, pues, como sentir es una determinada operación del hombre, no la única, es evidente que el hombre no es sólo alma, sino algo compuesto a partir del alma y del cuerpo. Platón, por su parte, diciendo que sentir es propio del alma, pudo decir también que el hombre es el alma usando del cuerpo .
A las objeciones:
1. Según el Filósofo en IX
Ethic. nos parece que una cosa es, sobre todo, lo
que es más importante en ella. Ejemplo: Lo que hace el gobernador de
una ciudad, decimos que es la ciudad la que lo hace. Así, lo que es
más importante en el hombre, decimos que esto es el hombre. Unas veces
se considera como más importante la parte intelectiva, lo cual es
cierto, y se denomina el hombre interior. Otras veces, en
cambio, se considera como más importante la parte sensitiva vinculada
al cuerpo, lo cual expresa la opinión de aquellos que sólo se detienen
en lo sensible, y se denomina el hombre exterior.
1. Potencia y acto se contraponen. Pero todo lo que está en acto
participa del primer acto, Dios. Por dicha participación, y tal como
se deduce de la doctrina de Dionisio en el libro De Div. Nom.
, todo es bueno, ser y viviente. Por lo tanto, todo
lo que está en potencia participa de la primera potencia. Pero la
primera potencia es la materia prima. Como el alma en cierto modo está
en potencia, tal como se prueba por el hecho de que el hombre es
inteligente en potencia, parece que el alma humana participa de la
materia prima en cuanto que es parte suya.
2. Allí donde hay propiedades de la materia, allí hay
materia. Pero en el alma hay propiedades de la materia como son ser
sujeto y cambiar, pues sostiene el saber y la virtud, y pasa de la
ignorancia al saber, del vicio a la virtud. Por lo tanto, en el alma
hay materia.
3. Como se dice en VIII Metaphys.
, lo que no tiene materia no tiene causa de su ser.
Pero el alma tiene causa de su ser, Dios, que la creó. Luego el alma
tiene materia.
4. Lo que no tiene materia, sino que es sólo forma, es
acto puro e infinito. Esto sólo lo es Dios. Luego el alma tiene
materia.
Contra esto: está el hecho, probado por Agustín en VII Super Gen. ad
litt., que el alma no ha sido hecha ni a partir de
la materia corporal ni a partir de la materia espiritual.
Respondo: El alma no tiene materia. Esta
afirmación puede ser analizada en un doble aspecto. 1) Primero,
a partir del concepto del alma en general. Propio del alma es ser
forma de algún cuerpo. Y lo es o en su totalidad o en parte. Si lo es
en su totalidad, es imposible que parte suya sea materia, si se
sostiene que la materia es algún ser sólo en potencia. Porque la
forma, en cuanto tal, es acto. Lo que está sólo en potencia, no puede
ser parte del acto, pues la potencia contradice al acto, ya que se le
contrapone. Y si es forma en parte, dicha parte la llamaremos alma, y
a aquella materia de la que es acto, la llamaremos primer
animado. 2) Segundo, y en especial, a partir del concepto
del alma humana en cuanto que es intelectiva. Es evidente que todo lo
que se contiene en algo, está contenido según el modo de ser del
continente. Así, todo es conocido según la forma con que se encuentra
en quien conoce. El alma intelectiva conoce algo en cuanto tal
absolutamente. Ejemplo: Conoce absolutamente una piedra en cuanto
piedra. Así, pues, la forma de piedra, en su razón
formal propia, está absolutamente en el alma intelectiva. Por lo
tanto, el alma intelectiva es forma absoluta, y no algún compuesto a
partir de la materia y de la forma.
Pues si el alma intelectiva estuviese compuesta a partir de la materia y de la forma, las formas de las cosas estarían en ella como individuos. De ser así, no se conocería más que lo singular, tal como sucede en las potencias sensitivas que contienen las formas de las cosas en el órgano corporal. Pues la materia es el principio de individuación de las formas. Hay que concluir, por lo tanto, que el alma intelectiva, lo mismo que toda sustancia intelectual que conoce las formas absolutamente, carece de la composición materia-forma.
Pues si el alma intelectiva estuviese compuesta a partir de la materia y de la forma, las formas de las cosas estarían en ella como individuos. De ser así, no se conocería más que lo singular, tal como sucede en las potencias sensitivas que contienen las formas de las cosas en el órgano corporal. Pues la materia es el principio de individuación de las formas. Hay que concluir, por lo tanto, que el alma intelectiva, lo mismo que toda sustancia intelectual que conoce las formas absolutamente, carece de la composición materia-forma.
A las objeciones:
1. El primer acto es el principio
universal de todos los actos porque es infinito, conteniéndolo todo
en sí mismo virtualmente, como dice Dionisio. De
ahí que sea participado por las cosas, no como parte, sino por
difusión. La potencia, por ser receptiva del acto, es necesario que
sea proporcionada al acto. Por su parte, los actos recibidos que
proceden del primer acto y del que son una participación, son
diversos. De ahí que no puede haber una potencia que reciba todos los
actos, como hay un acto que impulsa todos los actos que lo participan.
En caso contrario, la potencia receptiva se adecuaría a la potencia
activa del primer acto. Por lo tanto, la potencia receptiva que hay en
el alma intelectiva es distinta de la potencia receptiva de la materia
prima, como lo demuestra la diversidad de cosas recibidas. Pues la
materia prima recibe formas individuales, mientras que el
entendimiento recibe formas absolutas. Por lo tanto, la potencia
presente en el alma intelectiva no prueba que el alma esté compuesta a
partir de la materia y de la forma.
2. Sostener y cambiar es propio de
la materia en cuanto que está en potencia. Por lo tanto, así como una
es la potencia del entendimiento y otra distinta la potencia de la
materia prima, así también distinta es la razón de ser sujeto y
cambiar. Pues el entendimiento sostiene la ciencia y pasa de la
ignorancia al saber en cuanto que está en potencia hacia las especies
inteligibles.
3. La forma es causa de ser de la
materia, y su agente. El agente, en cuanto que reduce la materia a
acto de la forma cambiando, es su causa de ser. Si algo es forma
subsistente, su ser no lo tiene por algún principio formal, como
tampoco tiene causa que la pase de potencia a acto. De ahí que,
después de lo dicho, el Filósofo concluya: En lo
compuesto a partir de la materia y de la forma no hay otra causa más
que la que lo mueve de la potencia al acto. En cambio, en los seres
inmateriales todo es ser en sentido absoluto y verdadero.
4. Todo lo que participa se
relaciona con aquello de lo que participa como a su acto. Cualquiera
que sea la forma creada autosubsistente que se ponga, es necesario que
participe del ser, porque también la misma vida, o cualquier
otra cosa que se llame así, participa del mismo ser, como dice
Dionisio en el c.5 De Div. Nom. Y el ser
participado tiene la limitación que tiene la capacidad de aquel del
que participa. Y sólo Dios, que es su mismo ser, es acto puro e
infinito. En cambio, en las sustancias intelectuales está la
composición acto-potencia, no a partir de la materia y de la forma,
sino a partir de la forma y del ser participado. Por eso algunos dicen
que están compuestos a partir de lo que es y de aquello por
lo que es; pues el mismo ser es por lo que algo
es.
El alma humana, ¿es o no es corruptible?
1. Las cosas de similar principio y desarrollo, parece que tienen
similar fin. Pero el principio de generación del hombre y del asno es
similar: Ambos provienen de la tierra. Similar es también en ambos su
desarrollo vital. Pues, como se dice en Ecl 3,19: Respiran de forma
parecida, y el hombre no es que tenga mucho más que el asno. Y
como ahí se concluye: Uno es el destino del hombre y del asno.
Igual es su condición. Pero el alma de los animales irracionales
es corruptible. Por lo tanto, el alma humana es corruptible.
2. Todo lo que viene de la nada, puede volver a la nada,
porque el fin debe responder al principio. Pero, como se dice en Sab
2,2: Hemos salido de la nada. Y esto es verdadero no sólo en
cuanto al cuerpo, sino también en cuanto al alma. Por lo tanto, como
ahí se concluye, después de esto seremos como si no hubiéramos sido.
En esto está incluida el alma.
3. Todo tiene su propia operación. Pero la operación
propia del alma, entender con imágenes, no puede realizarse sin el
cuerpo, pues el alma nada conoce si no es a través de las imágenes. Y
tal como se dice en el libro De Anima, no hay
imágenes sin el cuerpo. Por lo tanto, destruido el cuerpo, desaparece
el alma.
Contra esto: está lo que dice Dionisio en el C.4 De Div.
Nom. : Las almas humanas por la bondad divina
son intelectuales y tienen una vida sustancial inconsumible.
Respondo: Es necesario afirmar que el alma
humana, a la que llamamos principio intelectivo, es incorruptible.
Algo puede corromperse de dos maneras: Una, sustancial; otra,
accidental. Es imposible que algo subsistente se genere o se corrompa
accidentalmente, esto es, por la generación o corrupción de otra cosa. Pues a algo
le corresponde ser engendrado o corromperse como le corresponde el
ser, que se adquiere por generación y se pierde por corrupción. Por
eso, lo que sustancialmente tiene ser, no puede generarse o
corromperse más que sustancialmente. En cambio, lo que no subsiste,
por ejemplo, los accidentes y las formas materiales, se dice que es
hecho y que se corrompe por generación o corrupción de los
compuestos.
Quedó demostrado anteriormente (a.2 y 3) que sólo el alma humana es subsistente, no las almas de los irracionales. Por eso las almas de los irracionales se corrompen al corromperse los cuerpos. En cambio, el alma humana no puede corromperse a no ser que se corrompiera sustancialmente. Esto es imposible que se dé no sólo con respecto al alma, sino con respecto a cualquier ser subsistente que sea sólo forma. Ya que es evidente que lo que le corresponde a alguien sustancialmente, le es inseparable. El ser corresponde sustancialmente a la forma, que es acto. De ahí que la materia adquiera el ser en acto en cuanto adquiere la forma. Se corromperá cuando la forma desaparezca. Pero es imposible que la forma se separe de sí misma. De ahí que sea imposible también que la forma subsistente deje de ser.
Incluso suponiendo, como dicen algunos, que el alma estuviese compuesta a partir de la materia y de la forma, habría que decir que es incorruptible. Pues no hay corrupción más que allí donde hay contrariedad, pues las generaciones y corrupciones surgen de contrarios y se dan en contrarios. Por eso, los cuerpos celestes, al no tener materia sometida a contrariedad, son incorruptibles. Por su parte, en el alma intelectiva no puede haber ninguna contrariedad. Pues lo que recibe lo recibe según su modo de ser. Y lo que en ella se recibe no tiene contrariedad, porque incluso las razones de los contrarios en el entendimiento no son contrarios, sino que hay una sola ciencia de los contrarios. Por lo tanto, es imposible que el alma humana sea corruptible.
Puede ser también señal de esto el que cada ser por naturaleza desea a su modo, ser. En los seres que pueden conocer, el deseo sigue al conocimiento. En cambio, el sentido no conoce el ser más que sometido al aquí y ahora, mientras que el entendimiento aprehende el ser absolutamente y siempre. Por eso, todo lo que tiene entendimiento por naturaleza desea existir siempre. Un deseo propio de la naturaleza no puede ser un deseo vacío. Así, pues, toda sustancia intelectual es incorruptible.
Quedó demostrado anteriormente (a.2 y 3) que sólo el alma humana es subsistente, no las almas de los irracionales. Por eso las almas de los irracionales se corrompen al corromperse los cuerpos. En cambio, el alma humana no puede corromperse a no ser que se corrompiera sustancialmente. Esto es imposible que se dé no sólo con respecto al alma, sino con respecto a cualquier ser subsistente que sea sólo forma. Ya que es evidente que lo que le corresponde a alguien sustancialmente, le es inseparable. El ser corresponde sustancialmente a la forma, que es acto. De ahí que la materia adquiera el ser en acto en cuanto adquiere la forma. Se corromperá cuando la forma desaparezca. Pero es imposible que la forma se separe de sí misma. De ahí que sea imposible también que la forma subsistente deje de ser.
Incluso suponiendo, como dicen algunos, que el alma estuviese compuesta a partir de la materia y de la forma, habría que decir que es incorruptible. Pues no hay corrupción más que allí donde hay contrariedad, pues las generaciones y corrupciones surgen de contrarios y se dan en contrarios. Por eso, los cuerpos celestes, al no tener materia sometida a contrariedad, son incorruptibles. Por su parte, en el alma intelectiva no puede haber ninguna contrariedad. Pues lo que recibe lo recibe según su modo de ser. Y lo que en ella se recibe no tiene contrariedad, porque incluso las razones de los contrarios en el entendimiento no son contrarios, sino que hay una sola ciencia de los contrarios. Por lo tanto, es imposible que el alma humana sea corruptible.
Puede ser también señal de esto el que cada ser por naturaleza desea a su modo, ser. En los seres que pueden conocer, el deseo sigue al conocimiento. En cambio, el sentido no conoce el ser más que sometido al aquí y ahora, mientras que el entendimiento aprehende el ser absolutamente y siempre. Por eso, todo lo que tiene entendimiento por naturaleza desea existir siempre. Un deseo propio de la naturaleza no puede ser un deseo vacío. Así, pues, toda sustancia intelectual es incorruptible.
A las objeciones:
1. Salomón, tal como queda
expresado en Sab 2,1.21, dice aquello pero referido a los necios. El
que el hombre y los otros animales tengan un principio similar, es
verdad en cuanto al cuerpo, pues todos los animales vienen de la
tierra. Pero no es verdad en cuanto al alma, pues el alma de los
irracionales es producida a partir de alguna fuerza corpórea, mientras
que el alma humana es producida por Dios. Esto es lo que expresa lo
dicho en Gén 1,24 en cuanto a los animales: Produzca la tierra alma
viviente. En cuanto al hombre dice (Gén 2,7): Le inspiró en su
rostro el aliento vital. De ahí que en Ecl 12,17 concluya:
Vuelva el polvo a la tierra de la que vino, retorne el espíritu al
Dios que lo dio.
Igualmente, un similar desarrollo vital lo tiene en cuanto al cuerpo. A esto corresponde lo dicho: Respiran de forma parecida (Ecl 3,19), y en Sab 2,2: Humo y aliento hay en nuestras narices. Pero no es similar el desarrollo en cuanto al alma, porque el hombre entiende, no así el irracional. Por eso es falso aquello de: No tiene mucho más el hombre que el asno. Así, similar es el destino en cuanto al cuerpo, pero no en cuanto al alma.
Igualmente, un similar desarrollo vital lo tiene en cuanto al cuerpo. A esto corresponde lo dicho: Respiran de forma parecida (Ecl 3,19), y en Sab 2,2: Humo y aliento hay en nuestras narices. Pero no es similar el desarrollo en cuanto al alma, porque el hombre entiende, no así el irracional. Por eso es falso aquello de: No tiene mucho más el hombre que el asno. Así, similar es el destino en cuanto al cuerpo, pero no en cuanto al alma.
2. Así como al decir que algo
puede ser creado se está haciendo referencia no a una potencia pasiva,
sino a la potencia activa del Creador, que puede producir algo de la
nada, así también al decir que algo puede volver a la nada no se está
diciendo que en la criatura está la potencia para no ser, sino que en
el Creador está el que deje de infundirle el ser. Se dice que algo es
corruptible porque en él está la potencia para no ser.
El alma y el ángel, ¿son o no son de la misma especie?
1. Cada ser está ordenado por naturaleza al fin propio de su especie
por la que tiene inclinación a tal fin. Pero uno es el fin del alma y
del ángel: La bienaventuranza eterna. Por lo tanto, son de la misma
especie.
2. La última diferencia específica es la de más categoría,
porque colma la razón de la especie. Pero nada hay de más categoría en
el ángel y en el alma que el ser intelectual. Por lo tanto, el ángel y
el alma convienen en la última diferencia específica. Luego son de la
misma especie.
3. No parece que el alma se diferencia del ángel más que
por el hecho de estar unida al cuerpo. Pero el cuerpo, al estar fuera
de la esencia del alma, no parece que pertenezca a su especie. Por lo
tanto, el alma y el ángel son de la misma especie.
Contra esto: los seres cuyas operaciones naturales son diversas, son de
distinta especie. Pero las operaciones naturales del alma y del ángel
son diversas, porque, como dice Dionisio en el C.7 De Div.
Nom., las mentes angélicas tienen
entendimientos simples y bienaventurados, no necesitando lo visible
para conocer lo divino. Del alma se dice exactamente lo contrario.
Así, pues, el alma y el ángel no son de la misma especie.
Respondo: Orígenes sostuvo que
todas las almas humanas y los ángeles eran de la misma especie.
Pensaba así porque sostuvo también que la diversidad de grados que se
encuentra en dichas sustancias es accidental proveniente del libre albedrío, como ya indicamos anteriormente (q.47
a.2).
Esto no puede ser, porque en las sustancias incorpóreas no puede haber diversidad en cuanto al número sin diversidad en cuanto a la especie y sin desigualdad natural. Porque si no están compuestas a partir de la materia y de la forma, sino que son formas subsistentes, es evidente que sería necesario que hubiera diferencia en la especie. Pues no puede concebirse que exista alguna forma separada a no ser que haya una sola de cada especie. Ejemplo: Si existiese la blancura separada, no podría haber más que una sola, pues esta blancura no se diferencia de aquélla más que por el hecho de ser de éste o de aquél.
Por otra parte, la diversidad en la especie indica siempre diversidad natural. Como en las especies de los colores, uno es más perfecto que otro. Lo mismo ocurre en lo demás. Esto es así porque las diferencias existentes entre los géneros son contrarias, y las cosas contrarias se relacionan por lo perfecto y lo imperfecto. Pues, como se dice en X Metapbys. : El principio de contrariedad es la privación y el hábito.
Lo mismo se concluiría también si esas sustancias estuviesen compuestas a partir de la materia y de la forma. Pues si la materia de éste se distingue de la materia de aquél, es necesario que, o bien la forma sea el principio de diversificación de la materia, siendo las materias (distintas) por su relación con las distintas formas, y en tal caso habría también diversidad en la especie y desigualdad natural, o bien que la materia sea el principio de diversificación de las formas. De ser así, no podría decirse que esta materia es distinta de aquélla, a no ser por división cuantitativa, la cual no se da en las sustancias incorpóreas como lo son el ángel y el alma. Por eso no puede decirse que el ángel y el alma sean de la misma especie.
En qué sentido hay muchas almas de una misma especie, lo detallaremos más adelante (q.76 a.2 ad 1).
Esto no puede ser, porque en las sustancias incorpóreas no puede haber diversidad en cuanto al número sin diversidad en cuanto a la especie y sin desigualdad natural. Porque si no están compuestas a partir de la materia y de la forma, sino que son formas subsistentes, es evidente que sería necesario que hubiera diferencia en la especie. Pues no puede concebirse que exista alguna forma separada a no ser que haya una sola de cada especie. Ejemplo: Si existiese la blancura separada, no podría haber más que una sola, pues esta blancura no se diferencia de aquélla más que por el hecho de ser de éste o de aquél.
Por otra parte, la diversidad en la especie indica siempre diversidad natural. Como en las especies de los colores, uno es más perfecto que otro. Lo mismo ocurre en lo demás. Esto es así porque las diferencias existentes entre los géneros son contrarias, y las cosas contrarias se relacionan por lo perfecto y lo imperfecto. Pues, como se dice en X Metapbys. : El principio de contrariedad es la privación y el hábito.
Lo mismo se concluiría también si esas sustancias estuviesen compuestas a partir de la materia y de la forma. Pues si la materia de éste se distingue de la materia de aquél, es necesario que, o bien la forma sea el principio de diversificación de la materia, siendo las materias (distintas) por su relación con las distintas formas, y en tal caso habría también diversidad en la especie y desigualdad natural, o bien que la materia sea el principio de diversificación de las formas. De ser así, no podría decirse que esta materia es distinta de aquélla, a no ser por división cuantitativa, la cual no se da en las sustancias incorpóreas como lo son el ángel y el alma. Por eso no puede decirse que el ángel y el alma sean de la misma especie.
En qué sentido hay muchas almas de una misma especie, lo detallaremos más adelante (q.76 a.2 ad 1).
A las objeciones:
1. Aquel argumento es viable con
respecto al fin próximo y natural. En cambio, la bienaventuranza
eterna es el fin último y sobrenatural.
2. La diferencia específica última
es la de más categoría, en cuanto que es la más determinada, al igual
que el acto es de más categoría que la potencia. Pero lo intelectual
no es lo de más categoría, porque es indeterminado y está sometido a
muchos grados de intelectualidad, como lo sensible está sometido a
muchos grados en el ser sensible. Por eso, así como no todos los seres
sensibles son de la misma especie, tampoco lo son los seres
intelectuales.
3. El cuerpo no pertenece a la
esencia del alma, pero el alma por su misma naturaleza puede unirse al
cuerpo. Por eso, tampoco el alma está en la especie, sino sólo el
compuesto. Y el hecho de que el alma en cierto modo necesite del
cuerpo para realizar su operación, pone al descubierto que el alma
tiene un grado de intelectualidad inferior al del ángel, que no se une
al cuerpo.




