CUESTIÓN 9
Sobre la inmutabilidad de Dios
Dios, ¿es o no es completamente inmutable?
1. Lo que se mueve a sí mismo, de algún modo es mutable. Pero, como
dice Agustín en VIII Super Genesim ad litteram
: El Espíritu creador se mueve más allá del tiempo y del
espacio. Luego Dios de algún modo es mutable,
2. En el libro de la Sab 7,24, se dice que la Sabiduría
supera en movilidad a todos los móviles. Pero Dios es la misma
Sabiduría. Luego Dios es móvil.
3. Acercarse y alejarse significan movimiento. Así, en
la Escritura (Sant 4,8), se dice: Acercaos a Dios y Dios se
acercará a vosotros. Luego Dios es mutable.
Respondo: De lo establecido queda claro que
Dios es completamente inmutable. Primero, porque, tal como
quedó demostrado (q.2 a.3), existe un primer ser a quien llamamos
Dios. Por ser primer ser requiere ser acto puro sin mezcla alguna de
potencialidad, pues la potencia es absolutamente posterior al acto
(q.3 a.1). Todo lo que de una manera u otra se muda, de un modo u otro
está en potencia. Por lo cual, es imposible que Dios de algún modo se
mueva. Segundo, porque todo lo que se mueve, con respecto a
algo permanece, y con respecto a algo cambia. Ejemplo: La blancura que
se cambia en negritud permanece en su sustancia. Así, en todo lo que
se mueve hay alguna composición. Quedó demostrado (q.3 a.7) que en
Dios no hay ningún tipo de composición sino que es completamente
simple. Por todo lo cual, queda claro que Dios no puede mudarse.
Tercero, porque todo lo que se mueve, por su movimiento adquiere
algo que antes no tenía. Dios, por ser infinito, comprehende en sí
mismo toda la plenitud de perfección de todo el ser (q.7 a.1) no
pudiendo adquirir nada ni ampliarse en algo que antes no tuviera. De
ahí que de ningún modo puede atribuírsele movimiento. Fue por esto, y
como empujados por esta verdad, por lo que algunos
antiguos determinaron que el primer principio era
inmóvil.
A las objeciones:
1. En aquel texto
Agustín usa los términos de Platón llamando movimiento a
toda operación; y por eso decía que el primer motor se mueve a sí
mismo. En este sentido se dice que son auténticos movimientos los
actos de entender, querer y amar. Como quiera que Dios se entiende y
se ama a sí mismo, dedujeron, en sentido platónico, que se mueve a sí
mismo; pero no en el sentido que el movimiento y el cambio sean actos
de lo que está en potencia, que es el sentido que le estamos dando
ahora a la mutación y al movimiento.
2. Se dice que la Sabiduría es
móvil en sentido metafórico, por cuanto difunde su semejanza hasta las
últimas cosas; ya que nada podría existir si no procediera de la
sabiduría divina, por cierta semejanza, como del principio eficiente y
formal, tal como procede la obra artesana de la ciencia del artesano.
Como quiera que la semejanza de la sabiduría divina desciende
gradualmente desde los seres supremos, que son los que más participan
de la semejanza, hasta los más ínfimos, que son los que menos
participan, se dice que hay un cierto movimiento y progresión de la
sabiduría divina en las cosas. También decimos que el sol baja hasta
la tierra porque sus rayos llegan hasta la tierra. En este sentido
dice Dionisio en c.1 Cael. Hier.
: Todo proceso de la sabiduría divina llega hasta nosotros movido
por el Padre de las luces.
¿Es o no es propio de Dios ser inmutable?
1. Dice el Filósofo en II Metaphys. que la
materia está en todo lo que se mueve. Pero hay algunas sustancias
creadas, como los ángeles y las almas, que, según algunos, no tienen materia. Luego no es propio de Dios ser inmutable.
2. Todo lo que se mueve se mueve por algún fin. Lo que ya ha
conseguido el último fin no se mueve. Pero algunas criaturas, como
todos los bienaventurados, ya llegaron al último fin. Luego algunas
criaturas son inmóviles.
3. Todo lo que es mutable, es variable. Pero las formas
son invariables, pues, tal como se dice en el libro Sex
principiorum, la forma consiste en una esencia simple
e invariable. Luego no sólo es propio de Dios ser
inmutable.
Contra esto: está lo que dice Agustín en el libro De Natura
Boni : Sólo Dios es inmutable; pero lo que él
hace, porque procede de la nada, es mutable.
Respondo: Sólo Dios es completamente inmutable.
Toda criatura de algún modo es mutable. Pues hay que saber que mutable
se puede decir de algo de dos formas. Una, por la potencia que
alberga en sí mismo; otra, por la potencia que hay en otro.
Pues todas las criaturas, antes de que existieran, no era posible que
existieran por una potencia creada, pues nada creado es eterno; sino
sólo por la potencia divina en cuanto que Dios podría constituirlas en
ser. De la misma forma que de Dios depende que las cosas tengan ser,
de la misma forma depende de la voluntad de Dios que lo conserven;
pues conservar el ser no es más que estar recibiendo siempre el ser,
ya que si Dios retirase su influjo todo quedaría reducido a nada, como
consta en Agustín, IV Super Gen. ad litt.
.
Así, pues, de la misma forma que en la potencia del creador estaba que las cosas existieran antes de que existieran, de la misma forma en la potencia del Creador está el que, después de existir, no existan. Por tanto, en virtud de la potencia que hay en otro, Dios, son mutables, pues El las sacó de la nada y puede volverlas a la nada.
Si se dice de algo que es mutable por la potencia existente en sí mismo, así también de algún modo toda criatura es mutable. Pues en la criatura hay una doble potencia, la activa y la pasiva. Llamo potencia pasiva a aquella por la cual algo puede alcanzar su perfección, bien sea la del ser, bien sea la del fin. Si consideramos la mutabilidad de algo por su potencia para ser, no todas las criaturas son mutables, sino sólo aquellas en las que se da algo que también puede darse en su no ser. Por eso, los cuerpos inferiores son mutables, en su mismo ser sustancial, pues su materia es compatible con la privación de su forma sustancial y con su ser accidental, siempre que la existencia del sujeto tolere la privación de la accidentalidad. Ejemplo: El sujeto hombre es compatible con no blanco; y así puede cambiar de blanco a no blanco. Pero si tal accidente proviene de los principios esenciales, su ausencia sería incompatible con la conservación del sujeto, y, por tanto, éste no puede cambiar con respecto a aquél. Ejemplo: La nieve no puede volverse negra.
Por su parte, en los cuerpos celestes la materia no sufre la privación de la forma, porque la forma actualiza toda la potencialidad de la materia; por eso no son sustancialmente mutables, sino sólo según su sustancia local, porque el sujeto sufre la privación del lugar.
Las sustancias incorpóreas, que son formas subsistentes, y que, sin embargo, en sí mismas tienen idéntica relación a la existente entre potencia y acto, no sufren la privación del acto porque el existir sigue a la forma y nada se destruye si no se pierde la forma. Como quiera que en la forma no hay potencia para el no ser, tales sustancias son inmutables e invariables según el ser. Es lo mismo que dice Dionisio en el c.4 De Div. Nom. : Las sustancias intelectuales creadas están exentas de generación y corrupción lo mismo que las incorpóreas e inmateriales. Sin embargo, en ellas hay una doble mutabilidad. Una, porque están en potencia ordenadas a un fin; por eso en ellas se da la mutabilidad de elección entre bien y mal, como dice el Damasceno. Otra, por el lugar, por cuanto por su poder limitado pueden alcanzar una situación que antes no tenían. Esto no puede decirse de Dios, el cual, por su infinitud, llena todo lugar, como dijimos anteriormente (q.8 a.2). Así pues, en toda criatura hay potencia para la mutación. O bien sustancialmente, como los cuerpos corruptibles; o bien localmente, como los cuerpos celestes; o bien por su ordenación al fin o por la aplicación a su capacidad para diversas cosas, como los ángeles. Universalmente todas las criaturas en general son mutables por el orden del Creador en el cual está el que las cosas existan o no.
Por todo lo cual, y como quiera que en Dios no se da ninguno de esos modos de mutabilidad, es propio de El ser completamente inmutable.
Así, pues, de la misma forma que en la potencia del creador estaba que las cosas existieran antes de que existieran, de la misma forma en la potencia del Creador está el que, después de existir, no existan. Por tanto, en virtud de la potencia que hay en otro, Dios, son mutables, pues El las sacó de la nada y puede volverlas a la nada.
Si se dice de algo que es mutable por la potencia existente en sí mismo, así también de algún modo toda criatura es mutable. Pues en la criatura hay una doble potencia, la activa y la pasiva. Llamo potencia pasiva a aquella por la cual algo puede alcanzar su perfección, bien sea la del ser, bien sea la del fin. Si consideramos la mutabilidad de algo por su potencia para ser, no todas las criaturas son mutables, sino sólo aquellas en las que se da algo que también puede darse en su no ser. Por eso, los cuerpos inferiores son mutables, en su mismo ser sustancial, pues su materia es compatible con la privación de su forma sustancial y con su ser accidental, siempre que la existencia del sujeto tolere la privación de la accidentalidad. Ejemplo: El sujeto hombre es compatible con no blanco; y así puede cambiar de blanco a no blanco. Pero si tal accidente proviene de los principios esenciales, su ausencia sería incompatible con la conservación del sujeto, y, por tanto, éste no puede cambiar con respecto a aquél. Ejemplo: La nieve no puede volverse negra.
Por su parte, en los cuerpos celestes la materia no sufre la privación de la forma, porque la forma actualiza toda la potencialidad de la materia; por eso no son sustancialmente mutables, sino sólo según su sustancia local, porque el sujeto sufre la privación del lugar.
Las sustancias incorpóreas, que son formas subsistentes, y que, sin embargo, en sí mismas tienen idéntica relación a la existente entre potencia y acto, no sufren la privación del acto porque el existir sigue a la forma y nada se destruye si no se pierde la forma. Como quiera que en la forma no hay potencia para el no ser, tales sustancias son inmutables e invariables según el ser. Es lo mismo que dice Dionisio en el c.4 De Div. Nom. : Las sustancias intelectuales creadas están exentas de generación y corrupción lo mismo que las incorpóreas e inmateriales. Sin embargo, en ellas hay una doble mutabilidad. Una, porque están en potencia ordenadas a un fin; por eso en ellas se da la mutabilidad de elección entre bien y mal, como dice el Damasceno. Otra, por el lugar, por cuanto por su poder limitado pueden alcanzar una situación que antes no tenían. Esto no puede decirse de Dios, el cual, por su infinitud, llena todo lugar, como dijimos anteriormente (q.8 a.2). Así pues, en toda criatura hay potencia para la mutación. O bien sustancialmente, como los cuerpos corruptibles; o bien localmente, como los cuerpos celestes; o bien por su ordenación al fin o por la aplicación a su capacidad para diversas cosas, como los ángeles. Universalmente todas las criaturas en general son mutables por el orden del Creador en el cual está el que las cosas existan o no.
Por todo lo cual, y como quiera que en Dios no se da ninguno de esos modos de mutabilidad, es propio de El ser completamente inmutable.
A las objeciones:
1. Esta objeción se refiere a la
mutabilidad sustancial o accidental, pues de este tipo de movimiento
trataron los filósofos.
2. Los ángeles buenos, además de
la inmutabilidad del ser que tienen por naturaleza, poseen, por poder
divino, la inmutabilidad de elección. Sin embargo, en ellos está la
mutabilidad de situación.




